“Crear es detectar problemas y proponer soluciones. El arte y la cultura pueden plantear y proponer formulas de acción para intervenir en la realidad social y generar desde el discurso estético, maneras de hacer y maneras de pensar. Herramientas básicas para que una sociedad se desarrolle de forma cohesionada en un contexto integrador”.
(Josep-María Martín, artista visual)
La evolución de la compleja situación socio-económica actual obliga a realizar, por parte de la institución universitaria, una labor de concienciación a la ciudadanía sobre el valor del trabajo creativo. Entender la cultura como una actividad principal que nos permita aspirar a disponer en un futuro próximo de estándares productivos homologables a los de los países más avanzados, que desde hace décadas se sirven de modelos de crecimiento basados en la educación y el conocimiento.
Es una necesidad imperante el hacer visible este rico capital simbólico y permitir que los creadores realicen su devolución a la sociedad. Los artistas jóvenes, son la cantera de la industria cultural del país, que ya aporta en torno al 4% del PIB nacional.
Sin embargo, las salidas profesionales a sus propuestas son insuficientes, su trabajo se realiza en un contexto de precariedad, y no se da el necesario reconocimiento social a su labor.
La visita al lugar donde el artista trabaja es una práctica habitual dentro del esquema de relaciones e intereses profesionales que se generan entre los creadores y los diferentes agentes culturales durante el desarrollo de su vida profesional. Esta forma de aproximación a la obra de los artistas está ligada a la existencia de residencias, espacios de producción y talleres de trabajo, que facilitan el encuentro y la puesta en común de ideas y estrategias. Esta práctica, ampliamente extendida en muchos países europeos, es un elemento clave en el desarrollo de las carreras profesionales de los artistas, especialmente de los jóvenes y emergentes.